La antigua educación china


El maestro Confucio marcó un antes y un después en la cultura china. La historia antigua de esta gran nación puede dividirse en dos etapas: antes y después de Confucio, es decir, la etapa PRECONFUCIANA (S. XV-VI a.C) y la CONFUCIANA (a partir del S.VI a.C…).

Este importante maestro fue contemporáneo de Buda [560-480 a. C] en Oriente; y de Pitágoras [570-496] y Heráclito [544-484 aC] en Occidente. Su discípulo más importante fue Mencio [372-289], a la vez, contemporáneo de Aristóteles [384-322].

Aunque la antigua educación china comparte en común algún aspecto general con la hindú, como por ejemplo el de una estructura social rígidamente jerarquizada, se desmarca de esta por su fuerte carácter pragmático y utilitarista. La educación china antigua es mas práctica que idealista, signo y marca de aislamiento y autosuficiencia, pues siempre ha gozado esta nación de una riqueza natural que le ha permitido desmarcarse voluntariamente de la influencia de la cultura occidental.

Baste como ejemplo, la escasa evolución que ha experimentado su escritura, pues prácticamente es la misma que se codifica hacia el año 1500 antes de nuestra era. Será entre el 200 a. de JC y el 200 d. de JC cuando la misma escritura se constituye como un sistema coherente para mantenerse prácticamente fiel hasta nuestros días.

¿Qué aspectos de la cultura antigua china nos vendrían bien hoy en día en el aula? La paciencia, la meticulosidad y la cortesía.

La paciencia

Según el Diccionario de la Lengua Española, la paciencia (del latín patientia) es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. También la capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.

Una persona paciente sabe esperar su momento. #GrandesEducadores

¡Qué contraste con la actual sobreestimulación en que vivimos! Lo queremos todo aquí y ahora. En el aula cuesta guardar el turno de palabra y se vuelve complicado, por ejemplo, no solo explicar sino también debatir un tema sin que haya interrupciones precipitadas y constantes.

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio” (Confucio). #GrandesEducadores

La meticulosidad

Las personas meticulosas realizan a conciencia sus tareas, con detenimiento, cuidando los más pequeños detalles porque temen equivocarse. Son personas que huyen de la equivocación. A menudo, las personas perfeccionistas son meticulosas. Llevado al grado extremo, el perfeccionismo puede volverse en contra cuando se desprecia un trabajo bien realizado, simplemente, porque no está perfecto. A veces, por error, una persona meticulosa infravalora toda una actividad bien realizada por algún detalle que no ha salido bien. Lo peor de todo es cuando alguien se paraliza y no hace nada por miedo a que no salga perfecto.

Sin embargo, los casos mencionados no suelen ser abundantes. Mencio, discípulo de Confucio, hablaba de cuatro pilares en la educación: el amor al prójimo (sentimiento de compasión), la rectitud (sentimiento de vergüenza y desagrado), la corrección (sentimiento de gratitud y modestia), y la Sabiduría (sentimiento de aprobación y desaprobación).

Toda persona, de la misma manera que tiene dos brazos y dos piernas, dispone también de estas cuatro esferas. El desequilibrio entre las mismas, el exceso de una sobre el defecto de otra es lo que da lugar a la mala educación.

Compensa tus debilidades con tus fortalezas. #GrandesEducadores

La cortesía

En la cultura hindú, el gurú es quien da sentido al discípulo. No ocurre así en la cultura china. En esta, el maestro no puede formar nada en el discípulo a menos que este, desde su interior, lo desee. Así, el papel del maestro es secundario respecto al del estudiante. El que aprende debe, desde la cortesía y el respeto, reclamar la enseñanza.

En la antigua cultura hindú era el gurú el que despertaba en su discípulo ese deseo de aprender. En la china, no. El maestro desde afuera no puede hacer sino esperar a que el discípulo esté dispuesto, ¿cómo?, reconociendo su necesidad de aprender y ser enseñado.

El educador

La palabra china que se usa para educación tiene que ver con “enseñar” y “criar”. Por una parte, enseñar el valor de amar al padre, no solo en el sentido biológico. El buen discípulo respeta a todos los padres, a todos los superiores. El buen discípulo también necesita ser enseñado en el ámbito intelectual y cultural.

Por otra parte, la dimensión biológica también está presente, pues la verdadera educación incluye el crecimiento o desarrollo físico.

El discípulo debe desarrollar una serie de hábitos personales (li), desde su interior, que le ayudarán a ser una persona útil en la sociedad. El fin del desarrollo individual y personal redunda en el bienestar común y social. ¿Pero si nuestro interior está mal, cómo beneficiaremos al resto? Cada uno debe luchar consigo mismo para resolver su carencia o debilidad, pues lo contrario perjudica a los que nos rodean.

Virtudes

En la antigua cultura china, el maestro era una persona independiente, pacífica, frugal, responsable y generosa. Profundiza en el conocimiento de los antiguos para ayudar a sus contemporáneos. Ayuda a su discípulo siempre como guía, sin imponer. El buen maestro no se excede en su enseñanza, pero tampoco es laxo.

Bibliografía:

Fuente bibliográfica: OLEGARIO NEGRÍN FAJARDO, JAVIER VERGARA CIORDIA , HISTORIA DE LA EDUCACIÓN, Editorial universitaria Ramón Areces (UNED)

GEORGES JEAN, La escritura, archivo de la memoria, Aguilar universal

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